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Proceso artesanal de A Conserveira:

del mar a la lata paso a paso
27 de enero de 2026 por
Proceso artesanal de A Conserveira:
Reyes Grupo Horeca SLU, Leonardo Selaya Messías

Una buena conserva no se “fabrica”. Se construye. Empieza mucho antes de abrir una lata: en la elección de la pieza, en el momento de captura, en cómo se manipula y en lo que se decide NO hacer para no estropear el producto.

A Conserveira trabaja con una idea muy clara: materia prima de las Rías Gallegas, respeto por las épocas de captura y envasado manual

Eso, en el resultado final, se nota en algo muy simple: textura limpia, sabor nítido y latas que funcionan tanto en barra como en carta.

Aquí tienes el proceso “del mar a la lata” explicado paso a paso, con un enfoque útil para hostelería.

Paso 1: selección del producto y momento de captura

La artesanía empieza por comprar bien. A Conserveira comunica que trabaja con producto procedente de las Rías Gallegas y que respeta las épocas óptimas de captura

En la práctica, esto significa algo que en un bar se entiende rápido: no es lo mismo una pieza “en su momento” que una fuera de temporada. Cuando el producto está en su punto, hace falta menos maquillaje. Y la lata queda más fina.

Paso 2: recepción en obrador y primer control de calidad

Cuando la materia prima llega, el objetivo es uno: proteger calidad. Se revisa tamaño, integridad, olor y aspecto. Si una pieza no está perfecta, en conserva se nota el doble, porque no hay salsa que lo tape.

En conservas artesanas, este control es especialmente importante porque el proceso apuesta por manipulación cuidada y por presentación final. Esa filosofía encaja con lo que se describe en distintos distribuidores y medios: artesanía, selección y procesos manuales. 

Paso 3: limpieza y preparación (donde se gana la textura)

Aquí está el trabajo invisible. Limpiar bien. Quitar lo que sobra sin destrozar lo que importa.

En el mundo conservero artesanal gallego es habitual ver procesos de limpieza cuidada y manipulación pieza a pieza antes de cocinar y empacar. 

Traducido a resultado: menos restos, menos roturas, mejor mordida.

Para hostelería, esta fase explica por qué una buena conserva “se sostiene” sola en plato: abre, emplata, y ya está.

Paso 4: cocción o tratamiento térmico del producto (sin pasarse)

Dependiendo del producto (mejillón, navaja, pulpo, bonito…), se aplica una cocción previa o un tratamiento que deje la pieza en su punto para el enlatado. En conservas artesanas es frecuente usar cocciones controladas (por ejemplo, vapor en algunos pescados) para mantener textura. 

Aquí la clave es no pasarse. Una cocción excesiva deja el marisco seco. Una cocción corta deja textura inconsistente. En artesanía, el ajuste fino es parte del oficio.

Paso 5: selección final y “colocación” en lata (el gesto artesanal)

A Conserveira insiste en un punto: selección y envasado a mano

Esto no es marketing vacío. En la práctica se nota en:

  • Piezas enteras o bien presentadas.
  • Menos roturas.
  • Mejor reparto y “cara” del producto.

Y eso, en un bar, tiene impacto directo: puedes servirlo en plato sin esconderlo en ensaladilla. Queda bonito tal cual.

Ejemplos de gama que aparecen en catálogos y tiendas: ventresca de bonito del nortepulpo a la gallega con cachelohuevas de merluzacocochasnavajasxoubiñas… 

Paso 6: cobertura (aceite, escabeche, salsa) y ajuste de sabor

La cobertura no debería tapar. Debería acompañar.

En conservas de pescado, lo habitual es que el producto se enlate con su cobertura (por ejemplo, aceite de oliva o escabeche) para conservar y dar redondez. 

En términos de servicio, esto es importante por dos motivos:

  • El aceite es parte del plato. Si es bueno, úsalo.
  • La lata ya viene “terminada”: no necesitas corregir con sal ni con salsas agresivas.

Paso 7: cerrado hermético y esterilización (la seguridad y la estabilidad)

Aquí ocurre lo que convierte un producto fresco en conserva estable: envase hermético + tratamiento térmico.

El proceso conservero se basa precisamente en eso: envasar en recipientes herméticos y esterilizar mediante tratamiento térmico para asegurar un producto seguro y no perecedero. 

Para hostelería, esto se traduce en una ventaja operativa brutal: producto listo, estable, con merma mínima y consistencia de un servicio a otro.

Paso 8: reposo y maduración (cuando la lata se “afina”)

Muchas conservas ganan con un reposo razonable: el aceite integra, la textura se asienta y el conjunto se redondea. No hace falta convertirlo en discurso. Pero sí entenderlo para rotación de almacén: una conserva no siempre está “en su pico” el primer día que llega.

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