En hostelería, el ruido no suele dar problemas… hasta que los da. Y cuando llega la primera queja, casi nunca llega sola. Aparecen llamadas, visitas, partes, nervios en el equipo y, en el peor caso, sanciones o restricciones.
La buena noticia: la mayoría de conflictos por ruido se previenen con tres cosas muy de barra. Medir sin improvisar. Respetar horarios con sistema. Y cuidar la relación con el entorno antes de que se rompa.
No se trata de “que no se oiga nada”. Se trata de que tu local no moleste y de que, si hay un problema, puedas demostrar que lo estás gestionando.
Primero, entiende la regla del juego: marco legal y ordenanza local
En España hay un marco estatal (la Ley del Ruido) y desarrollos posteriores, pero los límites y horarios concretossuelen bajar a nivel de ordenanzas municipales. Por eso, lo que vale en una ciudad puede no valer en otra.
Traducción operativa: si quieres prevenir quejas, no basta con “bajar un poco la música”. Necesitas alinear tu operativa con la norma local que te aplica (terrazas, puertas abiertas, horario de cierre, recogida de mobiliario, etc.).
Qué ruido te está metiendo en problemas (casi nunca es “la música”)
En la práctica, las quejas suelen venir por uno de estos focos:
- Terraza: arrastre de sillas, grupos en salida, sobremesas largas, recogida tarde.
- Puerta abierta: la música no molesta dentro… pero se escapa por la entrada.
- Pico de salida: el bar está bien durante el servicio, pero al cerrar se forma “la despedida”.
- Golpes y vibraciones: cubos, botelleros, cámara, portones, contenedores.
Si no identificas el foco real, vas a tocar cosas que no arreglan nada. Y el vecino seguirá llamando.
Mediciones: cómo medir sin convertirte en técnico (y sin discutir con nadie)
Medir no es “sacar el móvil y ya”. Para tomar decisiones internas puedes usar un medidor básico como orientación, pero si hay conflicto o inspección, lo que cuenta es una medición con instrumentación adecuada y, normalmente, con procedimiento profesional. Los sonómetros se clasifican por precisión (clase 1 o 2) y existen normas técnicas que lo regulan.
Operativa sencilla para tu local (sin tecnicismos):
- Define 2-3 puntos fijos de control: puerta, fachada/terraza y un punto interior (zona de música).
- Mide siempre a la misma hora (por ejemplo: 22:30, 00:00 y cierre).
- Registra el dato y el contexto: “viernes, puerta abierta, terraza completa, recogida en curso”.
Con esto consigues algo muy valioso: dejar de hablar en sensaciones. Empiezas a hablar en hechos.
Ejemplo real:
“Las quejas aparecen siempre los sábados a la 01:00.”
Tu registro te dirá si coincide con: puerta abierta + salida de fumadores + recogida tardía. Ahí está el foco.
Horarios: el error que más denuncias genera (y cómo evitarlo sin pelearte con el equipo)
El horario no se rompe a lo grande. Se rompe a base de pequeñas concesiones:
- “Cinco minutos más en terraza.”
- “No cierres la puerta que entra gente.”
- “Recogemos luego, ahora hay lío.”
Y esas pequeñas cosas son las que el vecino acumula como “siempre pasa”. En muchos municipios, terrazas y condiciones de actividad tienen horarios y reglas específicas.
Solución práctica: pon relojes, no opiniones.
- Hora fija de “última ronda” en terraza.
- Hora fija de cierre de puerta (o política de puerta cerrada a partir de X).
- Hora fija de recogida silenciosa (con orden y sin golpes).
Si el equipo lo tiene escrito y automatizado, se reduce el “ya veremos”.
Puerta y terraza: dos puntos críticos donde se gana (o se pierde) todo
1) Puerta
- Si a partir de cierta hora hay sensibilidad, trabaja con puerta cerrada y abre solo para entrada/salida.
- Revisa el cierre: una puerta que no encaja hace que se quede “medio abierta” toda la noche.
- Evita el “corrillo” en la entrada: organiza la zona de fumadores para que no se concentre justo en fachada.
2) Terraza
- Cambia el gesto, no el negocio: el gran enemigo es el arrastre.
- Tacos de goma en sillas y mesas. Y reposición cuando se gastan (si no, vuelve el ruido).
- Recogida por fases: primero cristal y mesas, luego sillas. Sin “apilar a golpes”.
Ejemplo de táctica simple:
Una cubitera con goma o una alfombrilla bajo el cubo de hielo en estación reduce vibración y golpes repetidos. Nadie lo nota… hasta que deja de sonar.
Cómo responder a una queja sin crear un enemigo
Cuando alguien se queja, el objetivo no es “tener razón”. Es bajar tensión y ganar margen de maniobra.
Respuesta que funciona:
- Agradecer el aviso.
- Preguntar qué momento exacto molesta (hora y foco).
- Comprometer una acción concreta: “Desde hoy, puerta cerrada a partir de X” / “recogida de terraza antes de X”.
Lo que no funciona:
- “Aquí siempre ha sido así.”
- “Es la calle, no somos nosotros.”
- “Si no le gusta, que se mude.”
En hostelería, la reputación también se juega con los vecinos.
Un local que “cuida” se nota. Y eso compra tolerancia.
Acciones realistas:
- Un contacto claro (encargado) para incidencias. Una persona, no “ya veremos”.
- Pequeñas señales internas al equipo: “puerta cerrada”, “voz baja en salida”, “recogida sin arrastre”.
- Revisión mensual con la comunidad si hay historial: 10 minutos, tono humano, sin promesas imposibles.
Ejemplo muy aplicable:
Si sabes que los jueves hay más sensibilidad por descanso temprano, refuerza ese día la política de puerta y salida. No es ceder. Es gestionar.

Las quejas por ruido rara vez se arreglan con un “bajamos la música”. Se arreglan con sistema. Con registros simples. Con horarios que se cumplen. Y con una relación mínima, pero correcta, con quien vive al lado.
Empieza por una medida concreta esta semana: elige el foco más probable (puerta o terraza), define una regla de horario y regístrala durante 7 días. Cuando lo conviertes en rutina, el ruido deja de ser una sorpresa y pasa a ser una parte controlada de tu operativa.
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